Juana Colón : UNA MUJER DECONSTRUIDA


UNA MUJER DECONSTRUIDA

Los seres humanos, en términos generales, vivimos la cotidianidad sin

preguntarnos, y mucho menos contestarnos, cómo surgió la sociedad en que nos ha

tocado vivir. Simplemente nos echamos a vivir o sobrevivir. Nacimos en una

sociedad donde todas sus instituciones nos construyen cual edificio con todas sus

partes. Reproducimos valores, normas, saberes y símbolos como una buena

fotocopiadora de alta resolución. Esas reproducciones y construcciones, saludables

o insalubres, las llevamos metidas en la conciencia, en la piel; nos guían por la vida

como un mapa prediseñado por generaciones pasadas. Hay que seguirlas por

tradición. Son paradigmas incontestados e incuestionables. Muchas veces, en la

vida privada, los violentamos pero ante el ojo público jugamos a vivir con ellos en

una especie de cultura ideal.

Sin embargo, hay seres humanos, dentro de una misma sociedad, que contestan y

cuestionan; que son capaces de apuntalar a aquello que le prohíbe ser felices. Los y

las que caminan por esas sendas son contestatarios y contestatarias. Le contestan,

le responden, a los valores, normas, símbolos y saberes que en muchas ocasiones

nos impiden avanzar en la edificación de culturas más tolerantes y amparadas por

la equidad. Por ser entes pensantes, racionales, pero sobre todo, inconformes,

saltan al proceso interior de deconstruirse. En ese proceso corren el riesgo de ser

tachados(as) y señalados de irrespetuosos al orden establecido; a los paradigmas

cargados de poder. Son vilipendiados(as) y hasta crucificados, cual el Cristo en la

cruz, por mirar el mundo desde muchas perspectivas y proponer, a boca de jarro,

sus inconformidades por lo que ocurre en el cuerpo social donde les tocó vivir. En

ocasiones son perseguidos(as), encarcelados y muertos por enfrentar con pasión

las causas que identifican como justas. Casi siempre el estado se encarga de

demonizarlos o adjudicarles ribetes de locura. Pero el balance de la historia nos

dice que sin ellas y ellos, esos(as) testarudos(as) quijotescos(as), no hubiésemos

avanzado hasta donde hemos llegado. Algunos(as) , en ocasiones, después que la

muerte los desaparece del ámbito social, son reivindicados y hasta elevados a

rango de próceres. Incluso el Estado participa en esa ascendencia romántica. Ya

ellos y ellas no constituyen un peligro para la sociedad.


Juana Colón caminó por las sendas de la deconstrucción. Sus ejecutorias y

múltiples dimensiones en la sociedad comerieña son vivo testimonio de lo

quijotesca que fue. Fue una inconforme por no aceptar los paradigmas que

establecían la pobreza como natural, por eso batalló en grandes huelgas

reclamando justicia para sus hermanos de clase en el mundo del tabaco. En este

mismo espacio, en esta misma casa, los jerarcas del mundo del tabaco,

representando al capital ausentista, movían su poder para acallar- con balas si fuera

necesario - a aquella negra nacida de las entrañas de un Comerío mulato. Nunca la

pudieron callar. Nunca la riqueza casi ilimitada de James Duke, desde New Jersey

manipulando las redes de su American Tobacco Co., pudo contra aquella hija de

esclavos que , al decir de nuestros jóvenes hoy: “ïba a to’as”.

La gran victoria en la huelga de 1919 es un vivo testimonio de su arrojo. Cual

Juana de Arco – título dado por el pueblo tabacalero – hizo causa común con sus

hermanos de clase, aquellos pauperizados y explotados por el capital. Quisieron

asesinarla y no pudieron; quisieron acallarla con la cárcel y no pudieron; quisieron

adjudicarle demencia y no pudieron; quisieron discriminarla por su negritud y no

pudieron. Se levantó en la tribuna socialista como portavoz de los olvidados y

débiles. Allí arengaba contra las injusticias de un Puerto Rico montado sobre bases

estamentarias. Reclamó el derecho de las mujeres a votar en los procesos

electorales, por lo que participó en campañas dirigidas a lograrlo, hecho que

ocurrió en 1936. Fue nuestra gran matrona y doctora de barrio, currando y sobando

a todo aquel que llagara hasta su puerta, especialmente a los desamparados. Juana

Colón vivió para una causa, construir un Puerto Rico amparado en la justicia y la

igualdad, por eso fue socialista hasta su muerte. No me cabe duda que fue una

mujer que realizó su vida deconstruyéndose y deconstruyendo una sociedad

patriarcal donde las mujeres estaban mucho más desvalorizadas de lo que están

hoy.

Pero la vida de Juana Colón y su reivindicación como personaje histórico no

tendría sentido si desde el hoy no continuáramos con su agenda inconclusa. Ella

hizo su parte con mucho menos recursos que nosotros(as). Y aunque ella fue de

otra época y tenia otra visión de mundo, pienso que todos(as) los que hoy soñamos

con otro Puerto Rico posible, estamos atados a su agenda inconclusa: hacer un país

de justicia y equidad. Pero siempre haciendo nuestro el dicho de Hostos: “la mejor

manera de decir es hacer”. A mi no me cabe dudas que Juana Colón siempre hizo

más de lo que dijo.

Si miramos exclusivamente la situación de la mujer en nuestro país hoy día, es más

que meritorio seguir la agenda de la Matrona de Rio Hondo. Hay que educar para

la justicia, para la equidad, para la libertad, para la tolerancia de los que vivimos en


este cuerpo social. Hay que educar y trabajar para evitar que seamos uno de los

países donde mas asesinatos de mujeres se cometen en el mundo. Hay que trabajar

duro hasta hacer un país donde las relaciones de pareja dejen de atarse a la

esclavitud de la mujer y los roles impuestos a ésta. Si queremos otro país distinto al

que tenemos, hay que transformar el sistema educativo para que sea vehículo de

crecimiento humano y no promotor y reproductor de prácticas y construcciones

poco edificantes. Si queremos crecer como pueblo tenemos que dejar de ver a la

mujer como un mero retrato colgado en la pared, como un ente de la cocina y la

cama. Tenemos que dejar de mirar con desprecio a nuestras niñas que, por razones

diversas, quedan embarazadas a edad temprana y luego se sumergen en la pobreza

y hasta en la prostitución. ¿Cuántos de los aquí presentes no vinimos al mundo de

vientres de 13 y 14 años? La esperanza y la oportunidad son hijas de las visiones

más adelantadas de la humanidad, hagámoslas nuestras. Venimos al mundo

deconstruidos, algo así como tabla raza, luego somos construidos a imagen y

semejanza de las instituciones que a su vez fueron hechas por nosotros(as). Somos

víctimas de lo bueno y malo de ellas, pero también somos los únicos responsables

de trasformar lo que en ellas no nos hace ser justos, equitativos y tolerantes. Lo que

nos hace infelices.

Pero es refrescante saber que más allá de las estructuras atrofiadas del estado

colonial, hay gente dispuestas al combate. Sin paga o sueldos jugosos, se reúnen a

planificar para hacer; para intentar transformar un país que a todas luces no está

bien, que necesita de todos(as) para hacerlo vivible. Gente que se sienta, incluso, a

hacer autoevaluaciones y promover transformaciones. No lo saben todo, pero se

educan para saber más; no creen tener el mundo en sus manos, pero están

insatisfechos con lo que le ha tocado vivir. Son gente imperfecta intentando hacer

volar el cometa de un mundo nuevo.

La Casa Juana Colón- como punto de encuentro y trabajo por la equidad, la

justicia y la tolerancia social - convoca a todas y todos los aquí presentes y a

otras(os) que no lo están, a soplar fuerte para que el cometa vuele más alto cada

día. Este proyecto, enfocado en la mujer, necesita de ustedes, por eso fueron

convocados aquí a que lo conozcan más. Necesitamos de gente como ustedes

preocupados por nuestro país, inconformes y buenos puertorriqueños(as);

necesitamos sus ideas y su acción en esta lucha por darle seguimiento a la agenda

que una vez Juana Colón, tal vez sin saberlo, se trazó. Para que Juana Colón siga

viva entre nosotros(as), tenemos que trabajar con el pueblo y desde el pueblo como

ella siempre lo hizo.


Muchas gracias.

Palabras leídas como parte de la Gala de la Casa Juana Colón. 30 de octubre de

2010.



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